No es el mismo proceso trabajar con una persona que está poniendo en marcha su negocio que con una empresa consolidada que necesita asumir más volumen, recuperar el control o preparar una transición.
Y tampoco son iguales dos empresas aunque estén en el mismo momento. No crecen igual, no se organizan igual y no tienen las mismas prioridades, recursos ni bloqueos.
Por eso, el proceso se adapta al momento en el que estás, a la complejidad real de la situación y a lo que necesitas conseguir ahora. No se trata de cambiarlo todo a la vez. Se trata de identificar qué tiene más impacto, decidir qué puede esperar y avanzar con un orden asumible.
En la práctica, esto se convierte en una secuencia de trabajo clara, pensada para entender bien la situación, decidir con criterio y avanzar sin abrir más frentes de los necesarios: